Todo lo demás, es un sueño...

Todo lo demás, es un sueño...
...sueña que es cierto

viernes, 8 de marzo de 2013

Bicho raro, no el de Ampuero, sino Javier



Fui a ver Hitchcock. La película en la que actúa el legendario Anthony Hopkins y la gran Hellen Mirren. Sí, un martes (cuando es más barato) que estaba el clima extraño, muy frío por San Miguel, sol por el centro de Lima y sofocante dentro del carro, en fin. Para qué, valió la pena beber esa gaseosa helada que me jodió la salud cuando parecía que me sanaba. La canchita, a pesar de ser pequeña la caja, duró casi una hora, en la que el genial Hopkins, encarnando al maestro del suspenso, se lucía a más no poder y nos arrancaba, al poco público que allí había, carcajadas y aplausos al ritmo de su siniestro sentido del humor.
Gocé, disfruté y sonreí de oreja a oreja. Y es que, luego de haberme divertido tanto esa tarde en el cine, me puse a pensar y recordé cuando compraba mi cancha. Parejas, señoritas con sus enamorados, ‘culisueltas’ y ‘wachiturros’, ‘amixers’ y demás. No cabe duda que el cine es el lugar perfecto para tener una cita romántica, pasarla bien con la pareja y compartir una película con esa persona. Pero, ¿se puede ir solo al cine? O ¿por qué a veces se cree que es ‘raro’ ir solo?
Ir al cine es también ir con una amiga,  el amigo, el grupo de amigos, la trampa, los hermanos, la familia… e incluso solo. Será porque, así como nos han ‘vendido’ la idea (o la necesidad) de comer mientras se ve la película, se cree que no es lógico ir solo al cine. Lo que sí es evidente es que, así como una obra de teatro, concierto, partido de fútbol, el cine es un espectáculo, donde se va solo o acompañado.
Pero me gradúo de ser extraño, ya que, si bien he gozado yendo al cine con amigos, con pareja, con familia, también gozo (con un gustito particular) al ir solo. Por ejemplo, digamos, ese día quería ir a ver Hitchcock, película basada en el afamado director de cine de terror. Muy bien hermano, ahora invitemos a los amigos. Mala idea. Si les das para elegir una película como esa, con otros títulos, y considerando que Hitchcock se exhibe en dos cines, precariamente, entonces, ¿Qué podemos decir? O más bien, ¿qué te podrían decir? “La vez cuando vengas tú solo”
¿Acaso es malo eso? No, gran idea  que te da la gente cuando menos te lo imaginas. Si quieres ir a ver Hitchcock y la mayoría quiere ver “Mi novio es un zombie”, debes sujetarte a los demás si decidiste ir con otros que no comparten tu idea. Así que, ¡Hey! Amigo, fui a ver Hitchcock. ¿Con quién? “Emm… yo solo”. ¿Solo? Pero por qué… Me muero de la risa. Carajo, ¿no me dijiste que si quería verla me fuera solo?  Pero bueno, es así. Me fui a ver dicha película que sé, obviamente, que no a muchos les agradaría verlas porque no es tan ‘comercial’, claro, pero no es obstáculo para privarse del gustito de ir a verla al cine. Me hizo recordar cuando fui a ver El cisne negro con Nathaly Portman, otra experiencia genial. El día que ir solo esté prohibido en las salas de cine, será el día que me sentiré atado a los títulos comerciales, que dicho sea de paso, no todos son malos, OJO.
En fin, salí con gusto, satisfecho porque no les malogré la tarde a mis amigos que de seguro no hubieran elegido ver eso, sino otro título. No importuné a nadie por ver Hitchcock y no Tadeo. Contento y con ganas de visitar más veces los cines, salí de la sala donde las pocas personas que habían dentro se quedaron viendo los créditos, cosa que comparto 100%, pero debido a que la Pepsi me quedó inmensa y no suelo dejar ni cancha ni gaseosa, debí irme corriendo al baño para salvar mi vida. Una vez más tranquilo por el bienestar de mi vejiga, salí y vi la gran cantidad de parejas, ‘wachiturros’, ‘culisueltas’, algunos escolares, jóvenes saliendo de otras salas. Supe que esa cantidad no iba a entrar a ver la película que yo iba a ver, lo confirmé al contar las 10 personas, junto conmigo, en la sala de Hitchcock. No salí decepcionado, pero sorprendido. Afuera, en la boletería, una chica le decía a su compañero, ¿qué es eso de ‘hishcóc’ ja,ja? El chico se quedó callado. Le doy el beneficio de la duda, pero al juzgar lo que oí, se irán a ver Tadeo.



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