Todo lo demás, es un sueño...

Todo lo demás, es un sueño...
...sueña que es cierto

jueves, 28 de enero de 2016

OTRA CRÓNICA: No campeonamos, pero...

Me dio la gana de acordarme de cosas: De los amigos. Aquellos que se mecharían con cualquiera que te mirase mal y que están dispuestos a mandarte a la mierda y al rato darte un abrazo. Esto no es Un día como hoy. ¡No! Es solo un recuerdo.

Una mañana me puse la camiseta que junto con mis amigos llegamos a la final del campeonato de la facultad de comunicaciones en aquel, cada vez más lejano, 2012, después de partidos goleados y sonrisas a montones.

Goleada 2012: Taxi, Red bull y previa.


Se trataba de la alterna de la selección holandesa: Negra con una pequeña franja naranja, con el número debajo de ésta. El escudo, aquel león coronado lanzando llamas de entre las fauces, luce un solitario espacio que espera ser sellado por una estrella. Estrella que tristemente no pudimos adornarle y así nos sumamos a la dolorosa tradición del subcampeonato.

¿Con otra ‘mica’ sería diferente la historia? No sé.


¡Fusión!/Dream Team 2012

Lo que importa es que en nuestro último certamen, todos juntos celebramos como si hubiésemos sido campeones. La verdad es que estábamos unidos como un equipo infranqueable. El 11, 9, 28, 7, 16, 19, 10, 100, 193, 22, 17: Extraña combinación, entrañable mezcla.




Nos divertíamos haciendo previas, cantando, jugueteando, antes que entremos al campo y la maquinaria comience a funcionar mil por mil hasta que el corazón rompiese el pecho. No campeonamos, pero estábamos juntos, estábamos unidos... ¿Acaso eso no es lo mismo o quizá mejor?

miércoles, 27 de enero de 2016

OTRA CRÓNICA: Cúmulo de contradicciones

Todavía no llegaba. El sol reventaba la vitrina, por lo cual debimos bajar la cortina y evitar que se estropee la mercadería. Era casi la hora y, como si fuera un viento atroz que abre las puertas de las casas como se ve en las películas de huracanes, entra Fiorella, agitada, con el cabello suelto, bastante revuelto y su sonrisa con pizcas de culpabilidad.

-Ya llegué. Tuve que venir corriendo…

-Cuando no, Fiorellita haciendo ejercicio, no como otros que vienen caminando…

-Qué hablas, no –y luego se ríe tanto que se pone roja-.

Con paso rápido, deja sus cosas y se prepara para comenzar con sus labores del día. Su cabello, ya no tan alborotado, es poco más que esponjoso, su atuendo es bastante urbano y cómodo, su calzado (me dijo una vez que no eran zapatillas), sin pasadores, tiene un cierre al costado.

Comienza a arreglar su zona, la tarde se ve tranquila, será que el sol espanta a cualquiera y solo los lugares donde venden helados podrían estar más llenos. Si no se cuentan a los que entran para refrescarse con el aire acondicionado desde los primeros metros de la entrada, entonces el movimiento sería nulo.

De pie, ante la mesa de novedades; revisaba y hojeaba, movía y ordenaba, se rascaba la cabeza y se acomodaba los anteojos. Iba con las manos llenas y al verme, ella ofreció a ayudarme, así que nos repartimos el trabajo igual por igual, hasta que se acordó que su zona seguía revuelta.

Se amarró el cabello. Al verlo le dije que se lo deje suelto. Hizo una mueca con la boca, bajó la mirada y soltó un débil “mmm” y dijo: “Me dijeron que me lo debo amarrar”. No insistí, así que me dejé de tonterías y continué con mi trabajo antes que mi jefe me lo recordara.

Me subí en la escalera y retomé el ordenamiento. Entraron un par de curiosos que no hicieron caso al resto de mis compañeros. Como les estaba dando la espalda y había suficiente ayuda, seguía tranquilo ocupándome de lo mío.

Fuente: 4.bp.blogspot.com
Aunque no faltaba uno que otro caso en que, sin importar la ayuda que le ofrecieran mis compañeros, los clientes se paraban justo donde estaba para luego preguntarme cosas.

Eso me hace recordar cuando un domingo, un muchacho con su mamá estaban a mi costado y escuché cuando ella le decía: “Pero pregúntale al joven…” Aquel, un poco retraído, introvertido y casi inexpresivo, optó por darse toda la vuelta y hacerle la consulta a Fiorella. A ella.

Cuando terminé de atender a las personas, le recordé la anécdota entre risas. Ella, ruborizada y sonriendo mientras movía la cabeza, me culpó de exagerar y solo dijo: “Estás picón porque no llevó nada de King”, concluyó riéndose.

-El chibolo sabía lo que quería, eso queda bien claro.

-¡Qué hablas!, nada que ver –mueve la cabeza otra vez y no deja de enrojecer sus mejillas-.

Después de la pintoresca situación, la tarde echa su velo de tenue color para dar paso a lo que sería una noche con cielo vivo, brisa un tanto escasa y cálida atmósfera abrazadora. Más flojo el cierre de la jornada y con Fiorella conversamos solo un rato.

-Cuando viaje a Estados Unidos me compraré la segunda parte de este libro.

Me ensaña, lo ojeo. No sé qué tanto lo miro si no entiendo nadita, pero igual paso sus hojas. El ejemplar es bonito; de bolsillo, gordito, letra grande, hojas de olor agradable, hasta podría llevarlo dentro de un bolsillo sin darme cuenta.

-Está simpático. Se ve que es un libro chévere.

-Sí, me gusta mucho. Muero por terminarlo.

-Me ha dado de leer uno de los de allá atrás…

-¿A sí? Pensé que esos libros no te gustaban…

-Una vez Ricardo me dijo: “El ser humano es un cúmulo de contradicciones”.

-Oye, qué buena frase.

Fuente: flickr.com (Felipe Ortiz) 
Queda como suspendida. Pensativa, gesto serio. Sus lentes enmarcan una expresión casi pueril, lo que me recuerda que aún no cumple los veinte. No sé por qué a veces creo que tiene menos edad. Se ríe, sonríe y habla con decisión, pero la veo con menos edad. Con esa frescura, ese optimismo, esa fuerza y energía que algunos perdemos (o ya perdimos).

Al despedirnos con un beso en la mejilla, su cabello esponjoso y suelto la hace más bonita, pero la sigo viendo como con menos edad. “Chau, me has hecho pensar con esa frase”, me dice antes de quedarse en el paradero.

Ahí se queda, esperando. Pensando como me había dicho. Ahí la dejo, con aquella cabecita llena planes, un viaje, pensamientos y años que están por venir para redondear su carácter, que todavía intacto, no se ha manchado con el puñalero modus operandi del “mundo real”.

Mañana será otro día y volverá a venir corriendo, con su cabello revuelto. 

sábado, 23 de enero de 2016

¿QUÉ VAMOS A LEER?: Memorias de una tragedia.


A veces todo parece un sueño, recordamos cosas, añoramos, lloramos, en fin. Queremos pensar que en efecto es un sueño cada vez que volvemos atrás y esto es lo que reflexioné cuando terminé de leer el último libro de Fernando Ampuero.

Sucedió entre dos párpados (Planeta, 2015) es una automática novela corta en la que recorres rápidamente, como una peregrinación a tiempos tristes marcados por la tragedia. Aquí, Ampuero emplea su experiencia como voluntario en Áncash tras el terremoto de 1970.

Como su autor sustenta, este libro lo tenía dentro desde hace años y que por fin pudo convertirlo en libro. La tragedia es el contexto que desenvuelve la historia de Gustavo, joven que viaja al lugar del desastre como voluntario, Leonardo; niño sobreviviente que queda mudo y dos vecinos atrapados bajo escombros.

Fuente: revistavelaverde.pe

La novela usa el recuerdo del Gustavo adulto (un escritor formado ya) para contar pasajes puntuales de lo vivido en su juventud al lado de otros compañeros que se sumaron al cuerpo de ayuda. Podemos sentir el deterioro de la memoria, sentimientos gastados y ciertos retratos de melancolía.

Si queremos viajar a través del tiempo, una novela para una tarde, entonces esta es la acertada. En resumen, puede ser llamado un cuento largo donde cerraremos en dos párpados evocando los recuerdos y la ficción sin distinguirlas.

*Un personaje se convierte en leyenda durante todo el relato: “Cucharita”, el payaso del circo del pueblo que, durante la tragedia, salva la vida de muchos niños exponiendo la suya propia y desapareciendo tras el alud.

viernes, 8 de enero de 2016

¿QUÉ VAMOS A LEER?: Un pacto. Un secreto. Un verdadero terror.


Se acabaron las fiestas y volvemos con más reseñas. Quise tomarme un tiempito para ordenar algunas cosas y terminar de leer una novela que comencé en octubre. Se trata del reciente libro de mi escritor preferido: Stephen King.


El renacer puede tener distintos significados, ya sea como palabra común o metáfora. Pero en Revival (Plaza & Janés, 2015) nos introduciremos al sentido literal; el que cobra vida, el que vuelve del valle de la muerte.

En esta nueva novela no solo disfrutaremos del estilo más fiel de Stephen King (descripción absoluta, personajes varios, historias conectadas) sino de un drama descarnado, mundano y vicioso. Aquí el terror irá de menos a más, conforme avancen las páginas, desde el misterio, la intriga, hasta niveles de oscuridad fantástica.

El libro se basa en la amistad del joven reverendo Charles Jacobs y Jamie Morton, un niño de seis años, relación que seguirá a través de las 50 décadas de historia en donde sus destinos se irán entrelazando. También podremos ver la degeneración del hombre por el pasar de los años y lo volátil que pueden ser las creencias como la fe.

Aquí, King aborda la religión, un poco de ocultismo influenciado por el estilo de H.P. Lovecraft y un toque de Frankenstein, ya que nos dibuja a un carismático, pero a la vez aterrador personaje encarnado por Jacobs, el cual persigue una obsesiva ambición y no dudará en emplear métodos sobrenaturales basados en el poder de la electricidad.


Es de esta forma como se desarrolla Revival; con un exministro del evangelio renegado que valiéndose de trucos científicos obrará milagros de sanación de carácter sensacionalista, y a un hombre (Jamie) caído en las drogas que se convertirá en su herramienta para lograr su oscura misión.

*Jamie Morton, el protagonista nos cuenta su historia, pero advierte que quizá nadie le crea, sin embargo reconoce que, de no haberla vivido, tampoco la creería. Así es como nos zambullimos a las aterradoras vivencias que por 50 años persiguen a Jamie.

Trailer de la nueva novela de Stephen King. (Fuente: Youtube)