Voyerista: Persona que disfruta
contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas. Según la
definición de la Real Academia, podemos concluir el contenido del título El
motel del voyeur (Alfaguara, 2017), escrito por el gran exponente del nuevo
periodismo Gay Talese.
Este libro adictivo y atrapante
tiene la mezcla de novela erótica, de no ficción y reportaje al más alto estilo
del autor quien ya es todo un referente consolidado del periodismo narrativo en
nuestros días. Conocido por sus obras que tienen como protagonistas a
personajes reales y con una concienzuda investigación, Talese es precedido por
su reputación que fue determinante para que este libro vea la luz, recién casi
cuarenta años después.
El protagonista –o mejor dicho,
el proveedor- es Gerald Foos, dueño del motel Manor House desde mediados de
1960 en Denver (Colorado), quien le envía una carta anónima al periodista en la
cual le revela su secreto y una interesante oferta:
Acondicionó el techo de su motel
con unas rejillas para poder ver a través de ellas a sus clientes y poder
atestiguar de primera mano sus conductas y, tras haber documentado cada
avistamiento por más de 15 años sin haber sido descubierto por nadie, le ofrece
sus diarios para que pueda emplearlos como material para un nuevo proyecto,
bajo la condición que no revelase su nombre.
Fuente:www.abc.es |
Es en este momento donde nos abrimos paso a la interesante historia de las cavilaciones de Talese por aceptar dicho ofrecimiento, a pesar que él jamás escribiría algo sin emplear nombres reales. Se debate el dilema moral o la mera experimentación científica del comportamiento humano bajo la premisa del mismo Foos en sus anotaciones en que sustenta que, si bien es un hombre que le llama poderosamente la atención cómo son las personas en la intimidad de sus habitaciones, es un hecho que, a pesar de los tabúes, nuestra naturaleza tiene siempre algo de voyeur.
Aquí se despliega a detalle el
acondicionamiento del falso techo que empleó como observatorio y sus apuntes
meticulosos de los hábitos de sus clientes. Estos registros no solo son ricos
en el aspecto erótico, sino también en lo social, ya que en su fetichismo, Foos
sacaba conclusiones que iban más allá del morbo, sino dignos de un proyecto de
sexología profesional.
Avistamientos de parejas jóvenes,
maduras y hasta lisiados de guerra y sus prácticas. Las complejas relaciones matrimoniales
y sus fachadas ante los ojos públicos se despedazan al cerrarse la puerta del
dormitorio nos carga de pesimismo.
Se evidenciará en los registros,
a través de las conductas, los cambios en la sociedad norteamericana como la
revolución sexual de la década del 70’, el rompimiento de los tabúes
interraciales y, hasta la doble moral –no solo sexual- del ciudadano de ese
país, que el propio voyeur calificará
de decepcionante y total pérdida de la fe por las personas.
El motel del voyeur es un libro
cargado de vigor sexual, historias sin ningún pudor que nos trasladan a los
estrechos conductos en que se deslizaba el autor de las notas, su vida
personal, su infancia rural en que podemos conectar diversos aspectos que
pueden construir aquella fascinación que para muchos puede significar como una ‘perverción’
y a la vez es también una crítica a la sociedad, al mundo actual y darnos
cuenta que es un instinto común –en mayor o menor grado- del ser humano el querer
mirar. Hoy en día tal vez nada nos sorprenda, sin embargo aquí obtenemos algo
que muy difícilmente tendremos: la vista de cómo son las personas cuando nadie
los ve –o creen que nadie los ve-, no obstante el mundo ha cambiado al igual
que las rutinas en el dormitorio (o tal vez nunca cambiaron y siempre se quiso
ocultar).
*Hay una reflexión interesante en que la gente se puede ver
ofendida si descubre que los espían en su intimidad como lo hiciera un voyeur, sin embargo hoy en día vivimos con
cámaras en todas partes justificando su existencia y tolerancia en haras de la
seguridad.
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